martes, 3 de enero de 2017

REFLEXIONES PARA CADA DÍA DEL AÑO :

4 de ENERO
“«Ni con el valor ni con la fuerza, sino sólo con mi espíritu Dice Yavé de los ejércitos '' (Zacarías 4:6).
Este versículo contiene la importante verdad de que la obra del
Señor no se lleva a cabo por medio de la fuerza y el ingenio humano sino por
el Espíritu Santo.
Lo vemos en la caída de Jericó. No fue el ejército de Israel el que
hizo que las murallas cayeran. Fue el Señor quien entregó la ciudad en sus
manos cuando los sacerdotes tocaron las trompetas siete veces.
Si hubiera dependido de un enorme ejército, Gedeón nunca habría
derrotado a los madianitas, ya que su ejército había sido reducido a tan sólo
trescientos hombres. Y su armamento poco convencional consistía en
cántaros de barro con antorchas en su interior. Sólo el Señor pudo haberles
dado la victoria.
Elías eliminó deliberadamente cualquier posibilidad de que la
fuerza o el poder humano pudieran prender fuego al altar, derramando
sobre él doce cántaros de agua. Cuando el fuego descendió, no hubo lugar
a duda en cuanto a su origen divino.
Abandonados a su propio ingenio, los discípulos no pudieron
pescar nada durante toda la noche. Esto dio oportunidad para que el Señor
les mostrara que debían buscarle si querían ser verdaderamente eficaces en
el servicio.
Es fácil que pensemos que el dinero es la necesidad más grande en
el servicio cristiano. En realidad, esto no es así, y nunca lo será. Hudson
Taylor tenía razón cuando decía que no debemos temer a la falta de dinero,
sino a la abundancia no consagrada del mismo.
O recurrimos a politiquería clandestina, a programas promocionales
muy dinámicos, a la manipulación psicológica de la gente o a una astuta
oratoria. Nos entregamos a vastos programas de construcción y a edificar
un imperio de organización, pensando vanamente que éstas son las claves
del éxito.
Pero la obra de Dios no avanza con el poder, ni con la fuerza, ni con
cualquiera de estas cosas. Es con el Espíritu del Señor.
Mucha de la llamada “obra cristiana” en nuestros días podría
continuar sin el Espíritu Santo. Pero la verdadera obra cristiana es la que
hace que Él sea lo indispensable cuando se libra la batalla espiritual, no con
armas carnales sino con oración, fe y la Palabra de Dios .

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